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Los factores que han incidido, en que la oposición interna en Cuba, no se haya convertido en una opción de cambio.

Por: Pedro Antonio Alonso Pérez
Email:
alonsopa63@yahoo.com
Teléfono: 305 2443462

 

WILMINGTON, Carolina del Norte, 4 de febrero del 2014 – Desde mi llagada al exilio, el pasado 17 de diciembre, me propuse hacer un exhaustivo análisis de la realidad cubana, a partir del comportamiento propio de la oposición, tanto interna como externa.  En esta primera entrega analizaré los factores que han incidido en que la oposición interna en Cuba no se haya convertido en una opción de cambio.

En primer lugar, la oposición interna en Cuba carece de un discurso coherente e inteligente, que pueda calar los intereses manifiestos del pueblo cubano. Un discurso incluyente y no partidista, para que se pueda diferenciar del discurso oficial del régimen y pueda ser asimilado por la mayor cantidad posible de personas. Contra esta intención conspira la falta de una tribuna natural o mecanismo alguno para llevarle el mensaje a la población.

La oposición no cuenta con un programa de gobierno, donde estén reflejados todos los problemas que afectan la sociedad cubana, con propuestas alternativas, para llegar a posibles soluciones.  Un programa donde amplios sectores de la sociedad se sientan reflejados y estén recogidas sus aspiraciones materiales y espirituales. Sólo así se podrá establecer un vínculo emocional entre la población y las principales figuras o líderes de la oposición.

La población necesita de un liderazgo social que pueda canalizar todo el desengaño y la frustración que experimenta la sociedad cubana, y a partir de ahí, montar su basamento político. Una verdadera lucha social, liderada por la oposición, algo que hasta ahora no se ha logrado de forma sistemática, la haría  ganar en legitimidad, credibilidad y reconocimiento social.

No se puede presionar al poder y obligarlo a realizar cambios reales, sin una verdadera base social demandante,  con poder de convocatoria y capacidad movilizativa. Aspectos indispensables  para  revertir la actual situación política en Cuba, aprovechando la profunda crisis estructural que sufre el régimen, su incapacidad para buscarle solución a los acuciantes problemas y la pérdida absoluta del contacto con el pueblo.

En Cuba se puede decir que hay una crisis política e ideológica, a tal punto, que la militancia política en la base está sumida en la inercia, apatía e indiferencia tal, que dificulta o impide una reestructuración o retroalimentación del partido comunista, a partir de las nuevas generaciones.  La juventud en sentido general está desmotivada y saturada del discurso político promovido por el régimen, por lo que la oposición, y es lo que no ha logrado, tiene que buscar elementos convocantes que se diferencien de las motivaciones tradicionales del régimen, como el falso patriotismo y la incitación ideológica, como referente .

Las estructuras municipales y provinciales del Partido Comunista y sus organizaciones aleatorias se perciben por la población como una nueva clase social, interesada exclusivamente en sus prebendas, sumida en la más absoluta corrupción, que  usa la hegemonía política para escalar socialmente.

Lo más triste es que en su gran mayoría asumen un discurso positivista y triunfalista, con un supuesto consagrado sacrificio, que nada tiene que ver con la realidad. Esa actitud ha llevado a esa nomenclatura a la perdida de toda la autoridad política y moral,  con que muchos le atribuyeron en tiempos pasados.

Sin embargo, la población se encuentra sensible y reactiva ante cualquier indicio de acomodamiento, abuso o aprovechamiento de posición alguna. Por eso, los líderes opositores tienen que cuidar mucho su imagen, desgraciadamente algunos caen en conductas impropias y a otros, la Seguridad del Estado se las inventa, por lo que mantener el prestigio del liderazgo se hace bastante difícil, pero la oposición tiene que agenciárselo contra vientos y marea.

Si las llamadas misiones internacionalistas, en un momento dado servían de fundamento ideológico del régimen, en la actualidad se han convertido en un arma de doble filo. La permanencia en países capitalistas, aunque con algunas contradicciones democráticas,  de  un grupo considerable de profesionales de Cuba ha cambiado en gran medida la percepción de la realidad exterior, principalmente en lo económico.

Algo en extremo importante,  es que la gran mayoría de estas personas a su regreso  del exterior traen computadoras y otros medios que les ha permitido romper el cerco mediático impuesto por el régimen. También los pequeños comerciantes privados (cuentapropistas ) han logrado un cierto poder adquisitivo más alto, comparado con el trabajador estatal, que les permite comprar ciertos bienes como computadoras, equipos de videos  y los famosos paquetes, que no son más que un grupo de materiales audios visuales bajados de la Internet, que incluyen telenovelas y otros programas televisivos. Estos paquetes se venden por el valor de 20 pesos Moneda Nacional, y luego se pasan de personas a personas, en una cadena de la que no se excluyen hasta los miembros del partido y el gobierno.

Esta interesante red de circulación y  distribución de información está socavando a gran prisa las estructuras de control del régimen y provee información sin censura y despolitizada, que es lo que la población demanda.

El acelerado desarrollo tecnológico ha dejado al régimen sin su principal herramienta de control social, el control absoluto de la información. Un a un gran sector de la población cubana está logrando un nivel de información nunca antes visto en los últimos 55 años de “Revolución”.  Lo interesante es que este fenómeno ha resultado  imposible de neutralizar por los servicios de inteligencia del régimen. Esto ha tenido un impacto muy grande en el cambio de actitud de un amplio sector de la sociedad cubana, que ya no le interesa la programación marcadamente politizada del gobierno.

De este análisis se desprende que hay un canal que debe ser explotado por la oposición y la incipiente sociedad civil, que muchas veces se desgastan tratando de imponer algunos materiales, que no tienen ningún impacto dentro de la comunidad, que rechaza por naturaleza, todo material de alto contenido veladamente  político.

Hay un marcado interés en divulgar hacia el exterior nuestra tragedia social y política, usando principalmente a “Radio Martí” que tiene una pobre audiencia en Cuba, por la gran interferencia que el régimen le produce, los escasos radios de ondas cortas existentes y una programación no acorde a nuestra realidad política.

En otro sentido, lamentablemente tenemos que reconocer que la oposición interna no ha tenido la capacidad de unirse bajo una estrategia común de lucha, que le facilite coordinar métodos y estrategias por medio de los cuales maximizar nuestra incidencia en la realidad nacional y viabilizar nuestro accionar en favor de  los cambios en Cuba.

Una unidad a partir de la pluralidad,  donde cada organización mantenga su propia identidad y autonomía, para que el caudillismo, el sectarismo y la anarquía  no tengan espacio, como viene sucediendo en estos momentos, principalmente por aquellas organizaciones que más recursos y fondos reciben del exterior.

A mi llegada, lamentablemente pude constatar que tampoco existe en el exilio una estructura orgánica  que represente los intereses de la nación cubana y de donde partan inteligentes iniciativas, para dirigir la lucha contra el régimen castrista. Esto impide que muchas importantes iniciativas, que se promueven por personas o pequeños grupos no reciban respaldo alguno, teniendo como resultado que se sigan frenados los posibles cambios en Cuba.

Todo lo antes expuesto impide que se pueda consolidar un liderazgo dentro de la isla, por lo que  muchos líderes  por una u otra circunstancia optan por el exilio. Lo que desnaturaliza y deslegitimiza la causa de la libertad de Cuba. Además de existir un tratado migratorio que funciona como una válvula de escape, quitándole presión a ese resorte, que en varios momentos del mal llamado proceso revolucionario, ha estado al punto de explotar.

También  el régimen por esta vía va decantando a la sociedad, en especial el sector más activo políticamente hablando.  Algo que juega un papel muy importante es el manejo de los recursos asignados para la oposición, ya que son otorgados selectivamente a personas y organizaciones elegidas, bajo ciertas condiciones no muy claras, mientras convierten a organizaciones y sus miembros en víctimas dobles,  del régimen, que usa la miseria como una eficiente herramienta de control social y de las propias estructuras llamadas democráticas, que juegan con esos fondos, para sus propios intereses.

El socialismo estalinista ha sido sustituido estratégicamente por la nueva izquierda latinoamericana y por lo tanto, en Cuba se comenzará por reciclar a sus cuadros y el enfoque económico y social, que les permita la continuidad en el poder, una vez desaparecidos los hermanos Castro. Sin embargo, la oposición no se está preparando para dar la batalla.  Sin una base social, sin un programa de gobierno, sin la utilización eficiente de los medios de comunicación existentes, desorganizada y dividida estratégicamente, deja al régimen en una posición muy cómoda para realizar su reacomodo a las nuevas condiciones internacionales.

 
 

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

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Guía de Estudios para la Democracia Proactiva

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